
Este hexagrama está representado por la luz que incide sobre la Tierra pero queda encubierta en sus profundidades. Todo lo brillante es oscurecido mediante la represión, la obstrucción y la desgracia; no obstante, el resplandor y la integridad tan sólo se velan pero no se extinguen. Se refiere así, a la búsqueda de la respuesta adecuada y eficaz en las situaciones donde la luz de la razón y la virtud han sido lesionadas.
En la antigua China representaba a los períodos de dinastías con falta de claridad, donde el puesto de autoridad era ocupado por un hombre tenebroso, con bajeza en su condición del alma y pobre potencial intelectual, donde además los hombres dignos y capaces sufrían daño por él.
Surgen del hexagrama “La Oscuridad” varias enseñanzas para enfrentar épocas de tinieblas y minimizar tanto el daño, como el peligro: así, junto a una invencible perseverancia en lo interior debe duplicarse la cautela hacia fuera, la salvación sería todavía posible si el afectado no pensara únicamente en sí mismo, sino también en los demás que se ven amenazados; por ello, con todas sus fuerzas se empeñaría en salvar lo que pueda salvarse y en esta forma de obrar consecuentemente con el deber, es donde reside la ventura.