
El nombre de este hexagrama se refiere a una inmensa tarea que aún no se completa. En la antigua China era representado por los símbolos del fuego (ardiendo hacia arriba) sobre el agua (fluyendo hacia abajo), como dos polaridades opuestas, en un tiempo donde no había armonía pero tampoco podían afectarse. Por ser una época de transición representa la discriminación cuidadosa entre las cualidades de las cosas, y las diferentes posiciones que ocupan naturalmente, para poder valorar con cautela las consecuencias de los actos.
Para el crecimiento personal, se alude acá a la necesidad de dedicar tiempo y esfuerzo para desarrollar relaciones armoniosas recíprocas. La bravuconería inmadura, la ingenuidad y la inexperiencia sólo encuentran dificultades y problemas cuando se intenta actuar o hacer un progreso verdadero. Las acciones deben caracterizarse por una persistencia honesta y humilde, la determinación para no desviarse nunca de los motivos principales, además de una conducta integra y coherente en el camino correcto.
En lo político y social, partir de un período de estancamiento a uno de florecimiento es una tarea que promete éxito, siempre que hay una meta digna capaz de reunir las fuerzas divergentes, por lo tanto se requiere la audacia de un gobernante o líder con propósitos nobles. En la China es proverbial la cautela con la que el zorro camina sobre el hielo, atentamente ausculta el crujido y elige cuidadosamente y con circunspección los puntos más seguros. En forma análoga en este hexagrama, la reflexión y la cautela constituyen las condiciones fundamentales para el éxito.