En la antigua China la unión entre los seres que sobresalía a la luz con progreso y éxito, era representada por el símbolo del fuego subiendo hacia los cielos. En el ámbito personal se refiere a que la unión en la dirección correcta entre los seres humanos debe fomentarse en forma abierta, clara y honesta, y mantenerse unida por el mérito del carácter y no por una posición o influencia. Así, una unión vinculada con amor y respeto será capaz de soportar las más grandes aflicciones y el resultado será beneficioso mutuamente.
En la comunidad esta unión ha de llevarse a cabo sobre la base de una participación cósmica, esto significa que no son los fines personales, sino las metas de la humanidad lo que debe prevalecer y lo que produce una duración libre. Para poder encaminar tales fines, en las sociedades hace falta un conductor perseverante y esclarecido que las sepa convertir en realidad, con toda energía y entusiasmo. Se advierte también en el caso del gobierno de las naciones, del peligro de partidos separatistas basados en intereses particulares y egoístas, que no ofrecen lugar para todos y tienen su origen en motivos bajos y condenan a una parte de los hombres pretendiendo subterfugiamente juntar a los restantes.
Más que la búsqueda de una simple cordialidad, este signo representa la confraternización ideal y la ayuda mutua guiada desde el Cielo, abarcando un principio universal y espiritual en lo recto, libre de intereses personales; ya que sólo en su encuentro, se logrará el gran éxito que el signo en su totalidad promete como perspectiva.
