En la antigua China, la representación del viento (o la madera) sobre la montaña expresaba la idea de un árbol en la cima con crecimiento lento y gradual. Al seguir el ejemplo de esta simbología, un hombre sabio y digno alcanza y mantiene su extraordinaria virtud, logrando con su ejemplo que la conducta de su gente sea buena. Para esto, debe haber alcanzado una posición de autoridad y respeto, donde se considere que su actitud y su actuación son un ejemplo a seguir, mediante un cuidadoso y constante trabajo dedicado al propio desarrollo moral.
Se acentúa aquí una unión entre aspiraciones personales, morales y la energía para poner orden en las cosas. Toda la influencia ejercida usando las mismas armas de los agitadores carece de efecto duradero; igualmente en la evolución del espíritu si se aspira a obtener resultados duraderos ha de lograrse la constancia y el desarrollo paulatino. Las cualidades de las figuras lo señalan así: internamente hay quietud, tranquilidad, que protege de actitudes irreflexivas; mientras que hacia afuera hay influjo y dirección correcta, que hace posible la evolución y el progreso, de modo que se alcance el puesto que corresponde a su virtuosa naturaleza.
El buen efecto que rinde el buen ejemplo es también la vía por la cual, las empresas se ven acompañadas por el éxito, y hace posible en los gobiernos y en los estados restaurar el orden y la armonía.