A continuación surge el signo del Conflicto, en su estructura el trigrama superior corresponde a lo Creativo (el Cielo) y el inferior al Agua (el peligro). El uno y el otro divergen, y debido a que el peligro va en ascenso mientras que la fuerza interior está menguando, la connotación es de disputa.
En el hombre existen dos tipos de conflictos: el primero, que se manifiesta en disputas o peleas en el mundo exterior y donde el noble debe mantener el equilibrio, la sinceridad y la propiedad verdadera de su espíritu, los cuales a pesar de sufrir múltiples ataques, no pueden ser objeto de pérdidas; el segundo y más importante, el que libra en su interior con su propio ser, al buscar hacer valer su razón, obtener recompensas, galardones y favores del Cielo, este enfrentamiento debe resolverse al colocar el espíritu al servicio de los designios divinos y proponerse realizar obras sin obtener mérito alguno.
El conflicto en el interior paraliza la fuerza necesaria para triunfar sobre el peligro en lo exterior, en una asociación humana establecida por las orientaciones espirituales, la causa de la disputa queda eliminada, y todo sale bien si uno se da por satisfecho con lo honradamente adquirido por el crecimiento del espíritu y el acercamiento con los preceptos celestiales.
Es un buen precepto no dejar que el enfrentamiento se afirme ya que el texto establece que “llevar a término acarrea desventura.” El ser noble elegido como regente, al ser imparcial podrá decidir con justicia. Para salvarse de situaciones de conflicto en todo lo referente a negocios se requiere también de reflexión y de claridad. El que gana una confrontación haciendo uso de un carácter innoble, con una insoldable astucia en su interior y/o con engaños, no logrará aun ganar nada honorable, lo que con violencia se conquista, también se lo arrancan a uno por la fuerza.
